Diario de un crucerista: Kefalonia

Dejamos atrás el Egeo y navegamos hoy por el mar Jónico hasta arribar a la isla de Kefalonia por la mañana, con tiempo escaso para cualquier plan ambicioso. Que pareciera la escala irrelevante más allá de la sonoridad de la capital, Argostoli, sin relación aparente con la nave aquella de magnífica construcción con la que Jasón pasó cerca de aquí.

Diario de un crucerista: Santorini

Aún no termina el día de hoy y ya tengo una cosa clara: Santorini es carne de crucero. Aunque prefería la alta expectativa a la baja realidad, sí agradezco la visita hoy en escaso medio día para entender su naturaleza y descartarla de los próximos planes (aunque nunca es demasiado tiempo, que diría el otro). Y no es cosa de su geografía de volcán sumergido, que la convierte en una media luna con el cráter en acantilado, si no de sus ciudades de casitas blancas, artificiales e inaccesibles –no físicamente- que la coronan en la altura.

diario de un crucerista: Mikonos

Un crucero por el Egeo trasmite sensación de azar. Si cuando sobrevuelas las islas tienes la oportunidad, gracias a la perspectiva, de capturar su silueta y a partir de ahí investigar sobre su historia, su identidad, cuando las sorteas desde un barco no puedes ni adivinar qué hay detrás de colina que emerge del mar, casi nunca más de unos pocos kilómetros. Así transcurrió la mañana de hoy hasta que una de esos cientos de islas anónimas se fue haciendo grande en el horizonte hasta enseñarnos primero sus casas blancas, luego sus ventanas azules y rojas.

Diario de un crucerista: Atenas

Mira que no me gusta madrugar, pero las excursiones programadas es lo que tienen. Y claro, un crucerista que se precie tiene que desayunar con la suficiente contundencia como para sobrevivir hasta regresar al barco. Como si no hubiese restaurantes en el destino, llámese Atenas o como sea. Aquí lo recomendable siempre es el bufet, que me perdone el amable camarero que reparte omeletes y huevos benedictina entre quien los reclame en el restaurante de la planta cinco, por oferta y rapidez. Salvo que todo el pasaje haya decidido lo mismo, cosa que por lo visto ocurrió hoy.

Diario de un crucerista: la llegada al barco

Nunca había volado a Atenas. Cuando el avión que te lleva viene del oeste se sobrevuela la historia de la civilización occidental y, con un día despejado, se pueden ver desde las guerras médicas a las victorias sobre Jerjes como si estuvieses en el sofá conectado a google maps. Y las luchas entre Esparta y Atenas, claro. Yo soy más de Esparta que de Atenas, creo. Un gallego ignorante es de la una o de la otra con la misma tibieza y volatilidad que si tiene que elegir entre el Albacete o el Ciudad Real, pongamos por caso. Pero siempre simpaticé más con el Peloponeso y sus historias que con el Ática burguesa, usted ya me entiende.

Sábado (Canelones de porco celta y seta shijtake con bechamel de castañas)

Vaya por delante que el único motivo por el que la receta no se llama simplemente canelones es por la costumbre aquí instalada de usar nombres largos –siendo aquí este vagón, aumentativo de vago-. Pero de algo hay que hacerlos, también es verdad, y los de la imagen, que fueron solución de un sábado reciente, rindieron homenaje no a cualquier otoño como pueda parecer si no especialmente al del Alentejo, de donde había regresado pocos días antes y donde ingenuamente sentí otra vez la sensación de que este blog podría estar otra vez actualizado.

vuelta al camino (Día de la Salud Mental)

Ocho meses después vuelvo a no tener excusas adecuadas para posponer la actividad del vagón. Tras esta descarada elipsis hoy, en el día de la salud mental, decido retomar donde me quedé. Espero que la constancia que nunca he tenido aparezca para ayudar a empujar en los escasos momentos en que se une la inspiración y la sensación ficticia de que tengo algo que contar. 

Desestacionalización (castañas con toffee)

Se acabó lo que se daba. Mercadona ha decidido elminar de sus lineales la castaña. Por si no llegó usted a verla, estaba en los grandes arcones donde con orden escrupuloso se podía encontrar todo tipo de productos congelados: cebolla, habas, brécol, y un largo etcétera de productos donde la más obvia ventaja -para el que la quiera- es no tener que pelar y trocear en casa. Y allí, al lado de los doce tipos de patata para freír, en el extremo de la artesa, se encontraba este producto del arbol del pan, que le llamó Hesíodo.

Fitur dos mil quince (oportunidad perdida)

Con las piernas todavía cansadas y el sueño sin aligerar confirmo aquí el cumplimiento de mis expectativas más pesimistas en Fitur: todo sigue igual. Galicia, que un año más tiene uno de los recintos más espaciosos y mejor distribuido de toda la feria para facilitar el tránsito de curiosos, las reuniones de profesionales y una de las mejores tascas de la feria (elemento este clave para el éxito en los primeros días, los importantes) junto con la de Noruega (Luca, te queremos).

La primera mentira

No hay momento más desagradable en el año según las costumbres sociales del país en el que vivo que la cabalgata del día cinco de enero. No, no tengo ningún trauma asociado a este evento, vaya esto por delante. Nadie me pisó ni me robó los caramelos en alguna acera mojada por la lluvia. Ni me pasó una rueda de un remolque disfrazado de barco pirata por encima del pie. No es nada de eso. No ha hecho falta.