Cambio de año (Lomo con castañas)

Pues al final se esfumó el año. Pasan tan rápido que como nos descuidemos vamos a empezar con nostalgias antes de lo esperado. Y aunque cuando éstas lleguen cualquier tiempo pasado habrá sido mejor -pensaremos, aunque no sea así- no estaría de más que fuésemos construyendo buenos recuerdos para entonces.

La cena de este fin de año puede ser uno de ellos. O no, pues está por ver que la gestionemos bien. Evitando los excesos tendremos mucho ganado, aunque a estas alturas debemos hacer malabarismos para conseguirlo con dignidad.

El vino tostado de Ribeiro en el siglo XIX a través de Los Pazos de Ulloa (I)

Al hablar de Ribeiro nos viene a casi todos a la cabeza un vino blanco y joven a causa del tipo de caldo que tradicionalmente se elabora en esa comarca. También, los más entendidos, hablarán de blancos con madera e incluso de tintos de uva mencía u otros ingredientes cultivados en la zona. Y desde hace poco, los bodegueros nos cuentan que se está empezando a recuperar la elaboración, reglada por Denominación de Origen, del tostado de Ribeiro.

Maleta solidaria

Por muy apetecible que resulte el viaje, hacer la maleta suele ser una de las tareas más engorrosas que afrontan los viajeros. Pero esta vez es diferente: Cantabria Infinita nos pide que dejemos fuera nuestra ropa y objetos personales para llenar de alimentos 50 maletas muy especiales que viajarán hasta la mesa de Navidad de otras tantas familias que lo necesitan.

 

 

Antojo de brona

Brona o broa, se conoce con este nombre por aquí (Galicia) al pan que el resto del imperio denomina borona. Hecho con unos dos tercios de harina blanca de maíz, se completa hasta la unidad con trigo. Consistente, duradero y sabroso, mantiene a raya cualquier cubierta y tuesta con dignidad. Su corteza, gruesa y oscura -y por arriba crujiente- tiene tanta personalidad como el mejor pan.

 

Hecho en molde para que no se desparrame la masa, se deja muchas horas en el horno a temperaturas moderadas. Es típico de ferias y días señalados, como en san Juan, cuando las sardinas no son nadie sin una rebanada que recoja su goteo de grasa.

Arroz con glamour (arroz cremoso de chorizo)

 

Hay blogs que juegan en liga de campeones, otros en competiciones nacionales o regionales y los hay que parecen partidos de solteros contra casados. Intentando ascender este Vagón de Cola entre las distintas divisiones a veces uno se plantea publicar contenido que eleven el caché de la bitácora. Que si ingredientes caros, que si aquella técnica aprendida en no sé qué viaje o en aquel otro blog, todo es poco para mejorar la calidad del asunto.

Alojamiento, desayuno y wifi (ADW)

 

Sin llegar al extremismo de las afirmaciones de algún reputado crítico hotelero -que hace no muchas semanas predicaba en Twitter que el wifi es tan imprescindible en la oferta de servicios de un hotel como el desayuno- creo que todos estamos cada vez más de acuerdo en que una buena conexión a Internet es una baza fundamental en la hostelería moderna.

Tren con destino UNIREDE (tarta de queso sin horno)

No sé si decir que ya o todavía, pero lo cierto es que ha pasado un año desde que se celebró en Santiago (con éxito y repercusión) el primer Foro Unirede. Este Vagón, último del tren Expreso, no se pasó en aquel caso por allí por motivos de agenda (quizá estuviésemos de viaje o a lo mejor regando las plantas de la redacción, no lo recuerdo). Aquello nos dejó curiosidad por el evento y una nota en la nevera haciendo de llamativo recordatorio para el de este año.

París

No estoy seguro, pero creo conocí Paris gracias a Víctor Hugo. Su Notre-Dame de Paris me enseñó a reconocer el halo mágico del río y las calles que formaba alrededor de la catedral en el siglo quince.

También realicé, algunos años más tarde, un viaje desordenado, inacabado y oscuro al piso bohemio donde muere Rocamadour, y me crucé con la maga y Oliveira en algún puente iluminado por las farolas de luz apagada de Cortázar. Conocí una ciudad distinta, nocturna y desde luego pesimista y trágica.

Números en el suelo (santa Eufemia)

En ocasiones, por motivos que no vienen al caso, asisto a alguna de las -numerosísimas- romerías que se celebran a lo largo de la geografía gallega (una por parroquia, seguramente). Más allá de que me gusten -que no todas- sí despiertan en mí una curiosidad más etnográfica que folclórica, que también algo (hace años que el impacto espiritual es inexistente), y únicamente mi pereza natural me impide profundizar más en determinadas costumbres.