El valor de una mejora (guisantes con jamón)

Llegas al hotel cansado, más tarde de lo previsto, y al abrir la puerta de la habitación encuentras una caja de bombones encima de la mesa y una cesta con fruta. Tus penas se desvanecen inmediatamente y una sonrisa ilumina tu cara.

Te bajas del taxi que te lleva al aeropuerto con la resignación del que va a estar doce horas encajonado entre dos asientos de clase turista, cuando al facturar tu equipaje compruebas que te han asignado embarque preferente y asiento en la fila dos. Allí te reciben con una copa de champán. Será tu mejor vuelo, sin duda.

Un alto en el camino (Melindres de Melide)

Todos los años por estas fechas, cuando los rayos del sol se van haciendo sitio -muy de vez en cuando- entre las lluvias que convierten a Galicia en lo que es, comienza un verdadero carrusel de fiestas gastronómicas por todos los rincones del país.

Desde ahora hasta bien entrado el otoño, pero especialmente durante el verano, el mapa de esta tierra se llenará de chinchetas indicando dónde homenajear a la empanada, dónde al percebe o a la nécora, a la lamprea, al pan de Carral o al de Cea o a los vinos, muchos, buenos y diversos, que se producen en pequeñas huertas de toda la geografía.

Sabor a vida (y otros libros)

Tras semanas esperando, el lunes 23 se presenta en el Hostal dos Reis Católicos el Libro Sabor a Vida, recetario de cocina gallega cuyos beneficios –íntegros- irán destinado a la lucha contra el cáncer.

El volumen está promovido por Francisco Piñeiro Vázquez (Premio Nacional de Gastronomía) y constará de 20 recetas basadas en la cocina tradicional gallega y personalizadas por jóvenes profesionales de la cocina del país, como Marcos Domínguez (Parador de Vilalba) o Eloy Cancela (Garum Bistró de Santiago) entre otros.

Con una tirada inicial de 2.000 ejemplares, se venderá a través de la web saboravida.es, actualmente en construcción.

Un paseo en bicicleta

Perros sacando a pasear a sus dueños en el ocaso del día. Corredores, andadores y deportistas. Cincuentones en crisis, treintañeros con sobrepeso. Señores y señoras. Más perros. Caminantes.

Una bicicleta y una cámara de fotos. Una fuente, una torre. No cualquiera, la de Hércules. Coruña.

 

Paddy`s day

Aún sin tiempo a editar las fotografías -léase buscar alguna decente entre los cientos y cientos de disparos- no me resisto a subir a este Vagón de Cola, auténtico blog de culto, dos de ellas.

La primera resume perfectamente el espíritu que reina las calles de Dublin la mañana del día de San Patricio: una marea de ilusión verde, representada en la cara de un niño.

En la segunda, San Patricio -con gestos de Robert de Niro, según apuntó con acierto Rafa Pérez (compañero de lujo junto a Miguel Páez en esta pequeña aventura)- y el que aquí escribe esto.

Tren a San Patricio (bocadillo de cecina y queso de oveja)

 

Es bastante literal el título de hoy. Pese a que la imagen que encabeza esta entrada evoque un viaje en barco, lo cierto es que esta travesía a la capital de la vieja Eire comenzó en ese interminable trayecto que une Galicia con el resto del mundo por la vía ancha.

Ya quisiera yo bordear el rebelde Cantábrico en un velero hasta llegar a las islas aquellas, y por el camino poder echar la vista atrás y divisar –es un decir, claro- la costa gallega tal y como está reflejada  en el Atlas de Pedro Texeira (el original cuya réplica fotografié data del 1634).

Grelos

Grelos, que no nabizas. Aunque cada vez es más difícil encontrarlos en los mercados gallegos -no me lo quiero imaginar en las españas-, pues nos venden éstas por aquéllos si nos descuidamos y si no también. Y claro, no es lo mismo.

No pretendo yo desprestigiar a las hojas del nabo, que junto con los grelos forman la parte de esta planta que se aprovecha normalmente en Galicia, y que sustenta los caldos de mi cocina salvo esa quincena mágica en la que entre las nabizas de la huerta salen esos tallos rectos y tiernos que se ven en la fotografía.

Carnaval en A Coruña

Nunca me ha gustado mucho el carnaval. Aunque he pasado mi infancia en Ourense, donde se consideran muy importantes y se celebran con interesantes singularidades en cada comarca y cada pueblo, nunca me he sentido atraído por el recurso del disfraz ni por ninguno de los elementos de la complicada liturgia y tradición que acompañan a estas fiestas.