Sep 29

París

Sáb, 29/09/2012 - 12:30 — Manuel Bustabad

No estoy seguro, pero creo conocí Paris gracias a Víctor Hugo. Su Notre-Dame de Paris me enseñó a reconocer el halo mágico del río y las calles que formaba alrededor de la catedral en el siglo quince.

También realicé, algunos años más tarde, un viaje desordenado, inacabado y oscuro al piso bohemio donde muere Rocamadour, y me crucé con la maga y Oliveira en algún puente iluminado por las farolas de luz apagada de Cortázar. Conocí una ciudad distinta, nocturna y desde luego pesimista y trágica.

Conocí su barrio latino gracias a Rodolfo, Marcelo, Museta y Mimi, con las penurias, alegrías y tragedias de su Boheme, y sus salones en el esplendor del diecinueve en las fiestas de Violeta, la traviata.

Películas como Charade o Cómo robar un millón me han acercado a sus museos o a sus calles y han convertido esta ciudad en un icono a una altura a la que sólo están Nueva York, Londres o Roma.

Y a través de las páginas de Expreso he recorrido el París más goloso, pero sobre todo me he sentado a tomar café al lado de la catedral cada vez que he querido.

Así que cuando por fin fui a París sabía que estaba llegando a una ciudad familiar, conocida. Me sorprendieron su urbanismo y sus calles de tiralíneas, de ciudad reconstruida y planificada. No son éstas las ciudades que más me gustan, si no aquellas donde las cicatrices de los años quedan marcadas en las calles como anillos de crecimiento en el tronco de un árbol viejo que ha tenido años mejores y peores, y donde el caos y el desorden de otros tiempos -no los de los actuales- ha dejado recovecos que nunca terminas de descubrir del todo.

Pero esta reconstrucción de despacho le ha dado a Paris, como a algunas zonas de Viena o de Londres, majestuosidad y clase en sus avenidas, sus edificios ordenados de planta regular y alzada homogénea con una característica especial además: todas sus calles son parisinas, ninguna de ellas podría estar sacada de otra ciudad.

Paris es una ciudad para pasearla. Más allá de sus museos -que sí- y de las márgenes del Sena -que también-, o de los iconos populares innumerables (torre Eiffel, Campos Elíesos, Arco del Triunfo, Louvre,...) lo que me pide el cuerpo es recorrer sus plazas, unas majestuosas (la de la Bastilla, la del ayuntamiento, pero sobre todo la de la Concordia), otras lujosas (abrumadora la Vendôme) y todas llenas de vida. Lugares como el museo Pompidou (en el distrito 4) no serían lo mismo en mi opinión sin los espacios ordenados a su alrededor, donde el agua de las fuentes fluye con la misma vitalidad que las gentes, turistas, títeres y parisinos que la llenan constantemente.

Esta semana he vuelto a visitar Francia y Paris. No he viajado allí, si no que he recorrido muchos de los lugares en los que antes había estado en la imaginación. He visitado el Rocamadour del Midi-Pyrénées, he regresado a Niza a comer en alguna terraza del puerto y he estado también visitando las calles donde el jorobado intentó raptar a Esmeralda. Es lo bueno que tiene Francia, que nunca se borra de la memoria.

Comentarios

Maritxu says:

Qué bonito viaje, y qué suerte poder leerlo al menos cuando no se puede ir físicamente. Lo que más me ha gustado, como buena golosa, ha sido el viaje dulceril; precisamente hice el otro día unas madeleines de Pierre Hermé,que nunca había hecho ninguna receta suya y estaban olé, las ví en el blog de mi queridísima Pamitxu, de Unodedos, justo ahí te conocí, leí un comentario tuyo, ví que eras gallego y a mí todo lo gallego ya sabes...

En cuanto a las ciudades imprescindibles te has olvidado de Bilbao, Santiago, Oviedo, etc. Lo de Bilbao es broma, bueno, pues nada, que ha sido un placer viajar contigo, hasta el próximo!

Manuel Bustabad says:

Gracias, Maritxu

Todas esas ciudades son imprescindibles, Bilbao entre ellas. Todos tenemos nuestra lista basada en nuestras experiencias. Seguro que las madeleines -sobre todo si la receta la recomienda Pam- eran fantásticas. ¿Tú tienes blog?

Gracias por seguir pasando por el Vagón de Cola

Manuel Bustabad

 

Maritxu says:

Y dale con las gracias! La próxima vez me enfado y no vuelvo, hombre ya..!
Sí, las minimagdalenas estaban de impresión, tú lo has dicho, todo lo que haga nuestra Pamitxu es arte puro. No, no tengo blog, uuf, no podría, no tengo nivel, sólo soy una cocinillas bastante chapucera, jajá, pregúntale a Pam, participé en su concurso porque me "obligó" y mejor no hablar del resultado..
Estoy encantada de viajar en este tren tan especial, biquiños!

Manuel Bustabad says:

Aprovecho para matizar (y eliminar el cero de la cabecera) que las fotografías primera y tercera no son mías, si no robadas de sendas publicaciones de Ana Bustabad en Expreso, enlazadas ambas en el párrafo quinto.